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Dominika Paleta sobre un Mercedes Benz AMG GT S

La alemana Mercedes-Benz deja en claro que puede competir en el segmento deportivo con los aditamentos más reconocidos del mercado, ello gracias a su AMG GT S.

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La postura de manejo es lo que puedes esperar en un auto que pide atención por la velocidad que alcanza. Los brazos quedan ubicados a la perfección para maniobrar el volante con total seguridad, mientras las piernas se acomodan a la distancia ideal de los pedales. Pero cuidado, pues hará falta contorsionarse para modificar algunas funciones con los botones del medio mientras manejas.

De lujo

La cabina está detallada con materiales de altísima calidad —no puedes esperar menos de un Mercedes—, desde la piel sobre el tablero y los asientos de gran soporte hasta el aluminio cepillado y la fibra de carbono en la consola. Todo da la impresión de estar hecho con ganas de consentirte para que nunca quieras abandonarlo.

Juguetes

A quien haya conducido un automóvil así antes, no le costará entender la cantidad de mandos: uno modifica la dureza de la amortiguación, otro hace sonar el escape más fuerte, otro evita que la caja haga los cambios por sí misma. De otros coches modernos se toma la perilla para graduar la agresividad e inmediatez de la transmisión.

Más rápido, más furioso

Para empezar, se reemplazó el sonoro V8 de 6.2 litros por un pequeño 4.0 biturbo: decisión acertada porque, en conjunción con la caja de doble embrague de siete marchas, el AMG GT S es uno de los autos más rápidos que hemos probado. Basta pasar de las 4,000 rpm y un canto gutural te acompañará, indicando que el lí­mite de velocidad legal quedó muchos kilómetros atrás.

No tan retro

Como un simple recuerdo quedan las puertas tipo gala de gaviota del SLS AMG, dándole paso a una figura que en lugar de evocar viejas glorias, transforma los rasgos de los actuales Mercedes-Benz en un objeto decididamente provocador… al final del dí­a se requiere de una silueta atractiva si se pretende rivalizar con el Porsche 911 o el Jaguar F-Type.

Ya encarrerado

Es en carretera cuando resalta la vocación del AMG GT S como un viajero ágil y no como un deportivo nato. Su dirección y frenos complementan las capacidades del motor sin ser los más inmediatos a nuestras acciones. Pero tampoco es un coche tan incómodo a pesar de su necesaria rigidez.